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10 febrero 2009

"SR. PRESIDENTE, NO ESTAMOS DE ACUERDO"











05 de Febrero de 2009

WASHINGTON, DC—El presidente Obama dice que "los economistas de un amplio espectro político están de acuerdo" con la necesidad de un gasto público masivo para estimular la economía. De hecho, muchos economistas no están de acuerdo. Cientos de ellos, incluyendo Premios Nóbel y otros académicos reconocidos, han firmado un anuncio que el Cato Institute colocó en periódicos alrededor de EE.UU. El texto del anuncio dice:

"A pesar de los reportes de que todos los economistas ahora son Keynesianos y de que todos respaldamos un gran aumento en el peso del gobierno, nosotros los que aquí firmamos no creemos que más gasto público es una manera de mejorar el desempeño de la economía estadounidense. El aumento en el gasto público por parte de los gobiernos de Hoover y Roosevelt no sacó a la economía estadounidense de la Gran Depresión en la década de 1930. Más gasto público no resolvió la 'década perdida' de Japón en los noventas. De tal manera que es un triunfo de la esperanza sobre la experiencia creer que más gasto público ayudará a EE.UU. hoy. Para mejorar la economía, los políticos deberían enfocarse en reformas que eliminen los obstáculos al trabajo, al ahorro, a la inversión y a la producción. Tasas de impuestos más bajas y una reducción de la carga tributaria siempre son las mejores maneras de utilizar la política fiscal para estimular el crecimiento".

Pueden leer el anuncio (en inglés) publicado en varios periódicos de EE.UU. como el New York Times y el Washington Post, haciendo click aquí.

07 febrero 2009

UN ESTADO GRANDE NO ESTIMULA LA ECONOMÍA

Daniel J. Mitchell
Académico titular del Cato Institute.


En este video por qué Keynes estaba equivocado.

11 noviembre 2008

OLVIDAR EL PASADO ES ESTAR CONDENADOS A REPETIR SUS ERRORES EN EL FUTURO

Pensamientos Liberales
A propósito de la crisis económica actual

“En los tres años que siguieron a la gran caída del mercado de valores en 1929, la oferta de dinero en los Estados Unidos declinó en una asombrosa tercera parte. Esto significó que entonces fuera imposible que a los antiguos niveles de precios se continuara vendiendo tantos bienes y que se contratara tanta gente, incluyendo a los antiguos niveles de salarios… Así empezó la Gran Depresión de los años treintas, durante la cual tanto como una cuarta parte de todos los trabajadores quedó desempleada y, como un todo, las empresas estadounidenses operaron con pérdidas durante dos años consecutivos… Aún cuando algunos han tratado de mostrar a Franklin Delano Roosevelt como quien nos sacó de la Gran Depresión, todas las depresiones previas habían terminado mucho antes sin que se diera una intervención gubernamental significativa. En efecto, esta fue la primera depresión en la cual el gobierno federal intervino tanto, primero bajo Hoover y luego más bajo Roosevelt.” La letra en cursiva es del autor. Thomas Sowell, Basic Economics (Basic Books: Northampton, New York, 2008), p. 215 y p. 328.

“La volatilidad de los años veintes y el cataclismo de los treintas abrieron las puertas para que los colectivistas de toda índole ganaran el poder y pusieran sus ideas en práctica… La Gran Depresión fue finalmente vista como la prueba de que el día de la economía de mercado había llegado y que había concluido… Con el crecimiento del colectivismo, la economía global declinó. La ampliación y profundización de la depresión disparó una reacción en cadena de un proteccionismo incrementado. Los países se adhirieron al expediente de las barreras arancelarias como medio de detener las presiones deflacionarias, parar un desempleo en alza y defender sus golpeadas monedas en contra de las depreciaciones de los tipos de cambio en el exterior. Al final de cuentas, estas políticas de pasarles los muertos a los vecinos (beggar thy neighbor) no lograron nada más que aumentar la miseria para todos. Sin embargo, los aumentos de tarifas no fueron lo peor de todo. Empezando con Alemania en 1931, los países empezaron a poner controles de cambios; a finales de ese año tales controles se habían extendido a mucho de la Europa Central y Oriental, así como a Suramérica y el Oriente Medio. Proliferaron las cuotas a la importación, los acuerdos de balanzas comerciales equilibradas y los monopolios estatales del comercio internacional y el comercio internacional se convirtió en algo totalmente politizado…” Brink Lindsay, Against the Dead Hand: The uncertain struggle for global capitalism (John Wiley & Sons, Inc., New York, 2002), p. p. 82-83.

“En el debate acerca de lidiar con una tasa de desempleo persistentemente alta de fines de los veintes y principios de los treintas, Keynes propuso que se abandonara el libre comercio en favor del proteccionismo a la luz de las circunstancias particulares de Inglaterra. Estas circunstancias incluían tres elementos claves: salarios inflexibles a la baja, el propósito gubernamental de mantener un tipo de cambio fijo y una gran reserva de trabajo desempleada. Bajo estas circunstancias, Keynes propuso y, con su estatura…legitimó usar las tarifas como ayuda para expandir la producción y aumentar el empleo… En su momento emergieron argumentos convincentes que, si bien no destrozaban el caso Keynesiano a favor de restricciones a las importaciones, por lo menos lo relegaron a un rango muy estrecho de circunstancias, en el cual otras opciones preferibles habían sido descartadas… Los puntos de vista cambiantes acerca de los tipos de cambio y en particular de la política macroeconómica en general, minaron el caso Keynesiano del proteccionismo en favor del empleo y disminuyeron la percepción de que se hubiera rebajado el caso en favor del libre comercio.” Douglas A. Irwin, Against the Tide: An intellectual history of free trade (Princeton University Press, Princeton, New Jersey, 1996), p. 189 y p. 202.

“La drástica declinación en la cantidad de dinero durante esos años (1929-1933) y la ocurrencia de un pánico bancario de una severidad sin precedentes no fueron la consecuencia inevitable de otros cambios económicos. No reflejaron la ausencia de poder para prevenirlos por parte del Sistema de Reserva Federal. A lo largo de esta contracción, el Sistema tenía poderes amplios para reducir el trágico proceso de deflación monetaria y el colapso bancario. Si hubiera usado esos poderes efectivamente a fines de 1930 o aún a principios o mediados de 1931, las crisis sucesivas de liquidez, que en retrospectiva son las características distintivas de una contracción, casi ciertamente que hubieran podido ser prevenidas y que el stock de dinero se hubiera evitado que declinara y, de hecho, que fuera incrementado en cualquier grado que se deseara. Tal acción hubiera aliviado la severidad de la contracción y muy posiblemente hubiera provocado que terminara en una fecha muy anterior.” El paréntesis es mío. Milton Friedman y Anna Jacobson Schwartz, The Great Contraction 1929-1933 (Princeton University Press, Princeton New Jersey, 1965), prefacio. Este libro reproduce el capítulo 7 de la obra de los autores, A Monetary History of the United States, 1867-1960 (Princeton University Press, Princeton, New Jersey, 1963).

“La Gran Depresión de los Estados Unidos, lejos de ser un signo de la inestabilidad inherente al sistema de empresa privada, es un testamento del gran daño que pueden causar los errores de unos pocos hombres, cuando poseen amplios poderes sobre el sistema monetario de un país. “ Milton Friedman, Capitalism and Freedom (The University of Chicago Press, Chicago, 1962), p. 50.